Somos un proyecto paraguayo que arma despensa para familias que cocinan en casa. Empezamos seleccionando frutos secos, semillas y granolas de productores cercanos, y seguimos con la misma idea: envases resellables, fichas honestas y formatos que rinden. Acá contamos quiénes somos, cómo trabajamos cada lote y por qué preferimos explicar el origen antes que prometer de más.
Aruma Foods no nació de un plan de negocios extenso, sino de la costumbre de revisar cada lote antes de guardarlo en la despensa. Detrás de las bolsas kraft hay dos personas que prueban, pesan y etiquetan lo que sale del depósito en Ciudad del Este.
Conocer el origen del proyectoRecorre ferias y cooperativas del Alto Paraná para elegir granolas, semillas y conservas vegetales. Define qué entra al catálogo según frescura, origen verificable y envase resellable. Cuando un lote no cumple con el aroma o la textura esperada, no se publica: se devuelve o se destina a pruebas de recetas internas.
Coordina el armado de packs mensuales, el rotulado y la salida de pedidos desde Don Bosco. Escribe las fichas que acompañan cada producto: ingredientes, modo de conservación y sugerencias para el tereré, el desayuno o la merienda. Su criterio es simple: si una etiqueta no explica cómo usar el producto en casa, hay que reescribirla.
Cada blend para mate y tereré se prueba en ronda antes de sumarlo al catálogo. Se ajustan proporciones de menta, burrito y cedrón hasta que el sabor no amargue con el segundo cebado. Las recetas que acompañan los packs salen de esas mismas pruebas, no de manuales genéricos.
Registramos fecha de ingreso, proveedor y condiciones de guardado de cada lote. Esa información viaja en la etiqueta y en la ficha del producto, para que quien compra sepa cuánto tiempo puede conservarlo en la despensa y cómo reconocer si algo perdió frescura.
Cada producto del catálogo lleva anotado quién lo produce, en qué zona y en qué temporada. Trabajamos con productores de Alto Paraná y de zonas cercanas porque nos permite visitar los lotes, probar antes de comprar y ajustar cantidades sin depender de intermediarios. Cuando algo no cumple, no entra: preferimos dejar un espacio vacío en la góndola antes que llenarlo con cualquier cosa.
Efecto para quien compra: sabe qué está comiendo y de dónde salió.No acumulamos stock durante meses. Compramos en tandas pequeñas y reponemos seguido, sobre todo en granolas, blends de hierbas y frutos secos, que pierden textura y aroma con el tiempo. Eso significa que a veces un producto se agota por unos días. Es parte del trato: preferimos que vuelva fresco a que esté siempre disponible pero viejo en la bolsa.
Efecto para quien compra: recibe producto reciente, no de depósito.Escribimos las fichas como nos gustaría leerlas cuando compramos: ingredientes en orden, modo de conservación, sugerencias de uso y una idea concreta para la cocina de casa. Nada de listados largos con nombres que no se entienden. Si un producto lleva azúcar añadido, lo dice. Si no lleva, también. La idea es que puedas decidir sin descifrar un envoltorio.
Efecto para quien compra: menos dudas antes de abrir el paquete.Pensamos los formatos para la compra mensual de una familia que cocina todos los días: bolsas resellables, tamaños que no se vencen antes de terminarse y packs armados por ocasión, ya sea para recibir visitas o para ordenar la semana sin recorrer tres mercados. La despensa bien armada ahorra tiempo y evita viajes de último momento.
Efecto para quien compra: una compra ordenada que dura el mes.